Eventos
Encuestas para eventos
Con una encuesta de evento el problema no es qué preguntar, es cuándo. La tasa de respuesta cae por horas desde que la gente sale por la puerta: el código QR en la salida, en la pantalla final o en la pulsera recoge más respuestas que el correo del martes siguiente. Decide antes del evento cómo vas a recoger la opinión, ten la encuesta publicada y el QR impreso el día anterior, y pregunta pocas cosas, porque quien responde lo hace de pie y con el abrigo puesto.
Las plantillas
La ventana son horas
Mientras la gente sigue en el recinto responde; cuando llega a casa, ya no. Por eso el mejor canal casi nunca es el correo: es un QR grande en la salida, en la pantalla de cierre o en el programa de mano, con el enlace ya publicado el día anterior. Si además vas a mandar un correo, mándalo esa misma noche o a la mañana siguiente, nunca el martes. Y si el evento dura varios días, recoge cada día, no solo al final.
Inscripción y post-evento no se mezclan
Son dos instrumentos con oficios distintos. La inscripción existe para organizar: cuántos van a venir, qué sesiones eligen, alergias, si necesitan factura. La de después existe para medir una experiencia que ya ocurrió. Si metes preguntas de opinión en el formulario de inscripción, valoran algo que aún no han vivido; si pides datos logísticos en la de después, alargas el cuestionario justo cuando menos paciencia hay. Cada una corta cuando ha hecho su trabajo.
Los ponentes y la cola
Tú quieres saber qué tal estuvo el programa; quien asistió quiere hablarte de la cola de la entrada, de la comida y del wifi. Pregunta las dos cosas explícitamente, o la pregunta abierta se te llenará de quejas de logística y leerás la nota de los ponentes como si lo explicara todo. Calibra también la longitud según el público: en un evento corporativo aguantan quince preguntas porque hay una relación de por medio; en un festival, con la batería en rojo, tienes seis.